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¿Cuál es el equipaje del 2020?

Ninguno de nosotros imaginábamos lo que se nos avecinaba antes de que en nuestro país se declarara un estricto confinamiento domiciliario, en marzo de 2020. Y tan cierto como eso de que “de todo lo malo sale algo bueno”, es que la Humanidad saldrá reforzada tras este tsunami devastador e inesperado.

Aunque con otras palabras, esto es algo que nos dice el célebre psiquiatra Luis Rojas Marcos en una entrevista publicada en el diario El Español al comienzo del pasado mes: “Es muy importante poner el centro de control en el interior de uno mismo: saberse capaz de hacer algo, confiar en las propias habilidades, alimentarse de información útil, planificar, sentido del humor, ser solidario…”.

Ahora, a las puertas de salida de este intenso e inolvidable año del que todos guardaremos experiencias y enseñanzas vitales –y muchas otras que desecharemos sin darle ningún uso posterior–, me quedo con reflexiones positivas que quiero compartir en voz alta:

1.- Se ha producido una des-estigmatización del uso de mascarillas.

Hay colectivos de población, por sus circunstancias de salud, que en tiempos anteriores a la COVID-19 se han visto obligados a su uso bajo las miradas ajenas (y atentas, en ocasiones) de sorpresa, asombro o, lamentablemente, rechazo. Como ejemplo, el de los niños con cáncer. Es una tremenda desgracia vivirlo, es algo desgarrador sentir el sufrimiento de los menores afectados. Aquellos niños que antes se cohibían al salir a la calle con mascarilla, ahora ya no son foco de la mirada molesta, incomprensiva e insensible de quienes no saben lo que es esta enfermedad.

2.- La buena salud es la verdadera lotería de la vida.

AMA LA VIDA con alegría y las penas asúmelas sin miedo y con esperanza. “Cada día es una oportunidad para empezar. Cada día es tu cumpleaños”, Tenzi Gyatso (Dalai Lama). Esto que a nadie se nos olvide teniendo en cuenta en la vulnerabilidad del ser humano y tantas pérdidas de ciudadanos por la COVID-19 que ni tan siquiera tuvieron una despedida merecida para emprender el nuevo viaje.

3.- Tenemos a grandes profesionales sanitarios.

Ell@s han salvado vidas y todas sus demandas deben ser atendidas. Demandas que ni más ni menos son las carencias del sistema. No vale llamarles héroes, porque tampoco lo quieren. Son profesionales que requieren recursos para poder ejercer su oficio. Si les llamamos “héroes”, les obligamos a hacer mucho con poco –en algunos casos, casi con nada–. Y no se trata de eso, sino de atender las necesidades para que puedan cumplir con su estratégica e imprescindible labor. Se trata de Acción. Con esta pandemia sabemos todos sobre la obligatoriedad de inyectar recursos en Salud Pública y apoyar con financiación la I+D de tantos investigadores que cada día suman avances para todas las enfermedades. Y debe ser una PRIORIDAD para cualquier Gobierno, del color que sea: naranjas, azules, rojos, violetas o de otros colores complementarios que también saben “verborrear” en el hemiciclo.

 4.- Qué trascendente es la autosuficiencia de un territorio.

¿Qué debilidades tiene un territorio insular? Lo sabemos y la pandemia lo ha puesto de manifiesto aún más. Por eso, es vital poner en marcha e implicar a todos los sectores para desarrollar proyectos locales, tanto en un territorio peninsular o insular, la producción de kilómetro cero y sostenible.

5.- La conexión con la naturaleza.

Cuántos de nosotros deseamos en el confinamiento pasear y disfrutar de la naturaleza, respirar aire libre. El 2020 ha marcado un hito: ha generado una mayor concienciación por nuestro entorno natural. Hagamos cosas buenas a título individual y por parte de las empresas y organismos tanto públicos como privados aprovechen la oportunidad de poner en práctica los objetivos 2030.

Foto de Daria Obymaha en Pexels

 

6.- Hogar, dulce hogar.

Cuán de importante es nuestro hogar. La pandemia nos ha puesto en bandeja la reflexión de que la arquitectura debe estar al servicio del bienestar de las personas. Los edificios saludables, sostenibles y que ponen el foco en el wellness humano. El confinamiento nos ha removido todos los muebles y los enseres, hasta la cocina…

7.- Nuestro amor a la mesa, y a la sobremesa.

Hemos valorado aún más aquello que nos une: sentarnos en una mesa varias personas para conversar sobre lo divino y humano y disfrutar libremente de un buen café, una cerveza, una copa de vino y disfrutar de los platos elaborados con materia prima de excelencia. La covid-19 pese a las enormes pérdidas del sector de la hostelería nos ha hecho valorar esas cenas, meriendas o comidas distendidas.

Imagen de Gioele Fazzeri en Pixabay

 

8.- La solidaridad es posible.

La solidaridad de los ciudadanos y las medidas de tantas empresas en toda España en materia de Responsabilidad Social Corporativa, que supieron estar a la altura de las circunstancias. Esas que protegieron a los trabajadores durante y después del confinamiento, siendo conscientes de las dificultades de trabajar en el hogar con los niños sin colegios ni guarderías y se ayudaron mutuamente ambas partes, con compresión y reconocimiento porque hubo buenos resultados de productividad.

 

Esto me llevo en la maleta común (la de la sociedad) del 2020. En la mía particular, me llevo además determinadas reflexiones y con la pena de no haberme llevado otras que se quedaron atrás.

Estoy preparada para 2021. Para llenar la maleta de cosas buenas.

“En medio del duro invierno descubrí, por fin, que dentro de mi hay un ser invencible”, palabras del filósofo francés Albert Camus. 

La golosina más saludable del mundo

Era una mañana calurosa de verano, con apenas aire y mucha humedad, a las 10:30 en el hall de las consultas externas de un centro hospitalario. Hay mucha gente y coger un ascensor parece una labor complicada porque los pacientes, y sus acompañantes, no se despegan de la cola para acudir a sus citas. Las expresiones del rostro no se ven tras las mascarillas, pero sí que se escucha con claridad los suspiros.

No sabemos si algunos de ellos pueden hacer uso de las escaleras por cuestiones de salud. Lo cierto es que no sabemos nada de las vidas ajenas, ni podemos hacer prejuicios.

El ambiente está tenso en ese hall, pero no deja de ser uno de esos lugares donde aprendes, con las experiencias vitales, que el tiempo va más lento o sencillamente tenemos más consciencia del momento, del aquí y el ahora. Es ese lugar cuando te planteas por qué no hacemos esfuerzos para generar espacios más agradables, donde no se contagien esos suspiros, de ansiedad y negatividad, y hagamos que al menos lo difícil sea más agradable.

Me pregunto cómo los espacios sanitarios en la era de la COVID-19 pueden mejorar su ambiente con mayor bienestar. Creo que lo que sí está a nuestro alcance, y es cosa de todos, es la actitud.  ¿Dónde quedaron los aplausos por los sanitarios?

La valiosa golosina

Ese día tuve una profunda conversación con un médico, y comenzó cuando le recordé que no me olvidaré en mi vida, y de eso ya han pasado unos 11 años, de una sonrisa especial que nos brindó. Fue la sonrisa pletórica de que todo había salido bien, pese a la gran dificultad a la que se enfrentaba con el diagnóstico de mi padre. Le hice hincapié sobre el resultado de aquello, agradeciéndole que fueron once meses de vida extra y con calidad.

Este especialista me dijo: “gracias a ti porque me da mucha motivación ayudándome a darme cuenta de que, por ejemplo, si de 200 intervenciones que hago alguna no salió como esperaba, y me castigo sin que se me llegue a ir nunca del pensamiento, no debo olvidar las otras 199 de éxito”.

Ese día fue la golosina que recibió este neurocirujano. Esa golosina saludable fue el hecho de recordar y reconocer las cosas buenas. Valiosa golosina que no tiene coste económico, pero si un enorme valor humano y que la sociedad se olvida.