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¿Qué puede hacer tu empresa para un mundo mejor?

Las nuevas generaciones y los consumidores actuales toman cada vez más conciencia de sus hábitos. Nada es como antes. Las empresas que quieren perdurar, sin quedarse atrás, deben tener sensibilidad con el entorno que les rodea, e investigar qué cosas premian o castigan tus stakeholders o grupos de interés, tanto los internos como externos.

Tanto yo como otras personas con las que converso y practico el sentido de la escucha activa tenemos claro que si decides invertir tanto tu dinero como tu tiempo en algo, debe ser en cosas que aporten un valor diferencial. Y descartas continuamente otras por tener una visión de ir más allá, por tus valores y principios que en estos tiempos se agudizan más que nunca.

Los líderes, y no líderes, deben abrir su campo visual hasta el límite, hasta más allá donde no son capaces de ver por sí solos; por lo que les interesa encontrar a los profesionales idóneos que contribuyan a ampliarles su horizonte.

¿Y tu empresa qué intangibles aporta a la sociedad? ¿Qué suma al mundo?

Toma decisiones valientes y aporta valor por pequeño que te pueda parecer a priori; así tus clientes se podrán sentir identificados con la cultura de empresa, además de tu equipo entero. La deseada cuenta azul de resultados es fundamental, pero no lo es todo si se quiere construir algo solido del largo plazo.

Así lo hacen las empresas que son socialmente responsables, y que tienen un propósito presente en la mirada de todos los planes.

Captura de una formación de UN Global Compact Academy

Por ejemplo, cuando se hablaba hace algunos años de fomentar una Agenda 2030 y de los 17 ODS, pocos podrían ver este asunto como algo cercano. Pero lo cierto es que hoy en 2020 cualquier pyme, no sólo una organización de gran tamaño tanto pública como privada, podría seleccionar al menos algún objetivo y desarrollar acciones favorables de la estrategia que sella la ONU. Hazlo y cuéntalo.

Es una ventaja competitiva. Sí. Maximizar la creación de riqueza para la sociedad en la que se vive mejora además tu reputación. El no hacerlo pasa factura.

La directora de gobierno, cambio climático, regulación y privacidad, y vicesecretaria del consejo de Santander España, Alicia Muñoz Lombardía, en una entrevista para la revista Woman afirmaba que está demostrado que responden mejor a las crisis, incluida la crisis económica derivada de la Covid-19, aquellas organizaciones que cuentan con un propósito más allá de perseguir el cumplimiento estricto del presupuesto anual. Añadía que en lugar de tener una visión cortoplacista de cuenta de resultados contribuyen a que el crecimiento sea inclusivo y sostenible.

En los últimos días leí una entrevista inspiradora en elDiario.es de la bióloga molecular y directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, María Blasco, donde mencionaba que, además de avanzar en la batalla contra las células malignas y en materia de innovación, había implantado una Oficina de Mujer y Ciencia. A esto sumaba la iniciativa de que todos los seminarios y órganos asesores fueran paritarios. Y que todas las reuniones importantes no se celebraran después de las cuatro de la tarde para facilitar la conciliación familiar de mujeres y hombres.

Madre e hijo contemplan un barco en la playa.

¿Qué puede hacer tu empresa para un mundo mejor? ¿En qué contribuyes para el bienestar de las personas (tus clientes y trabajadores)? ¿Y en materia de gestión medioambiental o desarrollo sostenible qué estas haciendo?

¿Aplicas metodologías ágiles en tu día a día y sobre la gestión del cambio organizacional?

Están ganando las empresas que son más humanas, comprometidas, innovadoras, las ecológicas y digitales, tanto en mi propio kilómetro cero como a miles de kilómetros al otro lado del océano.

Y ahora tengo dos novios

Los imposibles ocurren, y en el momento más inesperado.

En la vida no hay nada, absolutamente nada, seguro y certero salvo que 1+1 son 2; incluso para esto último se puede encontrar a alguien que argumente que tampoco son dos.

De resto, van y vienen piezas para colocar en el puzzle de la vida, ese que tenemos cada uno. Y yo ahora sumo una pieza, bueno, mejor dos: mis dos novios. Eso sí, con el permiso de José María Cano que Ahora tiene un novio.

En el pasado mes de julio nos confirmaron mi embarazo gemelar con 38 años, a punto de cumplir los 39 años.

No podré olvidar nunca aquella sonrisa cómplice de mi ginecóloga y la de su enfermera. Allí no hubo palabras. Nos miramos fijamente, simplemente, y lo supe.

Durante toda la gestación me atendieron en Hospiten Rambla. Doy las gracias a los profesionales que hicieron los controles de seguimiento y ofreciéndome además la posibilidad de formar parte de un estudio internacional acerca de la prematuridad en los partos de embarazadas gemelares.

Así como al personal del Hospital Universitario de Canarias que atendió mi parto gemelar durante las más que intensas (no sé ni como calificarlas) 23 horas hasta que nacieron mis niños. Jamás olvidaré aquellos dolores…  aquellas emociones.

Ni jamás olvidaré la presencia de más de una decena de facultativos en el paritorio, pendientes a la evolución del parto.

Me dijeron, una hora antes de los nacimientos y habiendo transcurrido 22 horas de dolores, fatigas y temores ante lo nuevo que iba a suceder: “No te asustes. Vas a ver a mucha gente aquí, a partir de ahora. Es el protocolo de los partos gemelares; y en el tuyo, especialmente, hoy habrá dos o tres profesionales por cada área (enfermería, anestesiología, pediatría, ginecología y matronas o matrones)”.

Una experiencia única, sin duda.  Se pasa muy mal, muchos dolores y molestias. Mi barriga adquirió unas dimensiones enormes durante la gestación. Y mi cuerpo estaba afectado; tanto por la subida de peso debido al reposo prescrito por la baja médica, a las veinticinco semanas, como por la retención de líquidos. Y muchas cosas más que suceden en los embarazos gemelares.

La vivencia es excepcional, única, inigualable… donde reconfirmo que las mujeres somos especiales, o como me dijo alguien recientemente: somos ‘tanques’ ante cualquier batalla. Mi madre, la primera: un ejemplo de lucha, mi inspiración diaria.

Y ahora que mis hijos gemelos acaban de cumplir seis meses y me he reincorporado a la vida laboral, alzo la voz de nuevo: somos tanques de batalla.

Se puede. Sí. Se puede. Se puede dar un biberón a mis hijos bebes, mientras hablo por el móvil atendiendo una llamada de trabajo de un compañero; y mientras miro la pantalla del ordenador para planificar, reorganizar o seleccionar contenidos para el medio digital en el que estoy inmersa ahora.

Yo lo estoy logrando. Aunque me encantaría que las horas del día no fueran 24, sino alguna más.  Pero aún así, de vez en cuando, podemos salir a disfrutar de un café, de un paisaje.  Aunque para una buena comida, o para una cena pausada en uno de mis restaurantes favoritos, aún falta tiempo.

Un café en una preciosa tarde en el Auditorio de Tenerife (cuando mis bebes usaban el capazo)

 

No se puede idealizar
Reconozco que la maternidad tampoco se puede idealizar como si fuera todo estupendo, como lo reflejan tantas cuentas de las redes sociales. Por ejemplo, la red Instagram, que muestra una cara idílica de lo que  es realmente el día a día. En contrapartida, aparece el Club de Malas Madres, el club de mujeres que defiende el ´Yo no renuncio´, con autenticidad y sin postureo.

Creo firmemente que quiénes presumen de ser políticos justos y conocen la realidad a nivel de la calle, quienes trabajan para los ciudadanos y defienden las políticas de igualdad, conciliación, defensa de la maternidad y la familia, no lo están haciendo bien. No.

Existe una doble cara. Una doble situación social: la de puertas para afuera y la de puertas para dentro.

Lo cierto es que son insuficientes las políticas en pro de la maternidad que compensen a todos; sí, a ambas partes, tanto a la mujer trabajadora como a las empresas.

A por una maternidad sin temores
Opino que cuando llegue ese momento en que los políticos den soluciones para que una mujer en este país decida dar el paso a la maternidad, sin retrasar la edad para hacerlo por temor a su desarrollo (¡o continuidad!) laboral, entonces avanzaríamos de verdad.

No es fácil dejar a nuestros hijos al cuidado de otras personas para que yo pueda trabajar. No lo es. Pero disfruto de ellos al máximo cuando termino mi jornada en la oficina. He aprendido, ahora más que nunca, a optimizar mi tiempo.

Cambiemos de verdad, modernicemos el modelo estructural de un país donde todos estamos en el mismo saco. Aunque no lo parezca, nos atañe a todos.

Aún con todo, sin tiempo para muchas cosas que hacía antes, soy inmensamente feliz siendo mamá de mis niños y habiendo vuelto a la actividad profesional.

¡Feliz último trimestre del 2018! ¡A por todas!