Descubre la golosina saludable

La golosina más saludable del mundo

Era una mañana calurosa de verano, con apenas aire y mucha humedad, a las 10:30 en el hall de las consultas externas de un centro hospitalario. Hay mucha gente y coger un ascensor parece una labor complicada porque los pacientes, y sus acompañantes, no se despegan de la cola para acudir a sus citas. Las expresiones del rostro no se ven tras las mascarillas, pero sí que se escucha con claridad los suspiros.

No sabemos si algunos de ellos pueden hacer uso de las escaleras por cuestiones de salud. Lo cierto es que no sabemos nada de las vidas ajenas, ni podemos hacer prejuicios.

El ambiente está tenso en ese hall, pero no deja de ser uno de esos lugares donde aprendes, con las experiencias vitales, que el tiempo va más lento o sencillamente tenemos más consciencia del momento, del aquí y el ahora. Es ese lugar cuando te planteas por qué no hacemos esfuerzos para generar espacios más agradables, donde no se contagien esos suspiros, de ansiedad y negatividad, y hagamos que al menos lo difícil sea más agradable.

Me pregunto cómo los espacios sanitarios en la era de la COVID-19 pueden mejorar su ambiente con mayor bienestar. Creo que lo que sí está a nuestro alcance, y es cosa de todos, es la actitud.  ¿Dónde quedaron los aplausos por los sanitarios?

La valiosa golosina

Ese día tuve una profunda conversación con un médico, y comenzó cuando le recordé que no me olvidaré en mi vida, y de eso ya han pasado unos 11 años, de una sonrisa especial que nos brindó. Fue la sonrisa pletórica de que todo había salido bien, pese a la gran dificultad a la que se enfrentaba con el diagnóstico de mi padre. Le hice hincapié sobre el resultado de aquello, agradeciéndole que fueron once meses de vida extra y con calidad.

Este especialista me dijo: “gracias a ti porque me da mucha motivación ayudándome a darme cuenta de que, por ejemplo, si de 200 intervenciones que hago alguna no salió como esperaba, y me castigo sin que se me llegue a ir nunca del pensamiento, no debo olvidar las otras 199 de éxito”.

Ese día fue la golosina que recibió este neurocirujano. Esa golosina saludable fue el hecho de recordar y reconocer las cosas buenas. Valiosa golosina que no tiene coste económico, pero si un enorme valor humano y que la sociedad se olvida.

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